Me encantan los viernes!
Aunque suene a tópico ahora cuento por qué. Menos los viernes, salgo del curro a las cinco de la tarde. Y ahora en invierno (bueno ya el lunes es primavera yujuuuuu) al salir, empieza a anochecer. Pero cuando salgo los viernes, que es antes, llego a casa sobre las cuatro. A esa hora el sol, potente, entra en la salita por la puerta que da a la terraza. Como si de respirar se tratara, abro la persiana y deslumbra mis pupilas. Me encanta tocar el cristal y sentirlo caliente.
Estoy sola, estoy estupenda y relajadamente sola. Ni perros, ni marido!
Y sin obligaciones para nadie, me lo dedico a mí. Si no me he parado en la cafetería con los compis, lo que conlleva tomarse algo, me preparo en casa algo rápido y ligero. Y si lo acompaña una copita de vino, mejor. Aunque cuando llega el buen tiempo, no falta la cerveza fresquita en la nevera!! jejeje.
Cuando ya me he servido, vivo ese momento de silencio, que no dejo que irrumpa nadie, ni la tele tan siquiera! Oigo la calma de la tarde en casa y me relajo en el sofá. Rememoro como me ha ido el día. Tal vez llamo por teléfono al Madriles como para darle envidia de lo bien que estoy mientras él se pelea con los números sobre el escritorio de su despacho, jijiji).
Y me quedo allí en mi pequeña salita, acostada en el sofá, con los calcetines de colores puestos y la mente en blanco...con todas las horas de la tarde del viernes por delante, las del sábado y las del domingo!!
Hasta que se hace la hora y de la hora de relax pasamos a la hora...mmm...¿feliz?
Entra por la puerta, cuelga la chaqueta en cualquier parte, abre la puerta de la terraza, entran los perros, con suerte no tirarán nada con la cola (como una copa sobre la mesa de centro...) por la emoción del momento.
Llega el jaleo, el ruido, el tener que "moverse del sitio".......
Y tener que "volver" a ser y a estar...
Hay veces que no me importaría pasarme horas y horas así!!!!!!!
En silencio!!!!
Helena de Troya