Un lugar donde ser yo
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lunes, 20 de febrero de 2012

Arrebatos de madrugada (Relato)

Tomó una decisión a lo bestia, el sábado de madrugada, por culpa del insomnio (y por algunas canciones que escuchaba, esas que trasladan a momentos, personas, situaciones...que ya no estaban)
Esos arrebatos que le daban, que la hacían sentir luego como una loca-histérica, una incomprendida tal vez.
Eran impulsos pensados no sé con qué: con la cabeza, el corazón o como decía ella a veces, "el xoxillo" (porque la entre-pierna sonaba a tío)...Mmm...no, esto último no, imposible, sino, no lo habría hecho. Con el corazón tampoco, porque es bastante gilipollas. Sí, solo le quedaba la cabeza, fué ella, hija de puta...No, no, perdona. Fué lo más acertado! 
Pero es que.....(cuidado esto último lo decía "el xoxillo")

Trató de eliminar cualquier huella de frenazo. Esa que recorría desde sus marcadas clavículas, hasta donde empezaba su vergüenza. Pero, ilusa de ella, qué pretendía! Si lo único que hacía ahora era esperar si ese coche llegaba de nuevo o pasaba de largo... 
Y reflexionó:
"Por mi bien, espero que pase de largo" (Acababa de hablar su cabeza)
"Si vuelve, que lo haga, pero que no deje más huellas" (su corazón había hablado)
"Por favor, vuelve, vuelve , vuelve"(ya sabéis quien había sido ahora...)

Al día siguiente ya se estaba arrepintiendo.

(...)

Helena de Troya

jueves, 24 de noviembre de 2011

Esculpida (Relato, para no dormir)


Se llamaba Javier Linares, un atractivo escultor. Pero le gustó que ella lo llamara sólo Linares, al mas puro estilo  de institutriz con vara en mano.

Ella, Katerina, pintora empedernida, callejera y fumadora.
Lo primero que conocieron de ambos fueron sus artes. Él tropezó con uno de sus óleos expuestos en la calle. Su óleo y sus piernas, descubiertas en aquella tarde de Junio. Entablaron pronto una amena conversación, únicamente relacionada con el dominio que tenían ambos en eso de las artes.
-Pásate un día por mi taller, allí podrás ver mis obras- le dijo él.
Y así lo hizo. Una mañana de demasiado sol, Katerina cambió las bambas y lo callejero por perfume y melena suelta. (Y un poco de carmín).
Llegó a aquel sombrío e inmenso taller. Las esculturas femeninas, sinuosas, dolidas, revueltas, se mezclaban y engañaban sus ojos. Le gustaba la mujer, no cabía duda. Por eso y por las varias visitas que recibió de "amigas" encargando trabajos, a saber con qué intenciones. Eso se sabe. Como las suyas, sus intenciones.
¿Por qué acudió sin apenas conocerlo?

Pero pronto lo supo. Sobre una silla andaluza, llena de restos de arcilla, seca y por ello punzante, dejó que Linares la recorriera y la re-esculpiera sobre sí misma. Bajo el vestido desprendió con gran talante aquella pequeña tela rosa.
Ella, extasiada en aquel sombrío taller, que ahora agradecía, se abrió como una mariposa. Él, atrevido se desvistió de aquella camisa blanca y descosida o rota, tal vez por alguna "otra" como ella. Así, sin saberse el uno del otro, se montaron sin la silla de montar, a pelo, a contraluz, a destiempo...
Hasta que Katerina aulló celosa por todas aquellas esculturas por las que Linares resbaló sus manos húmedas. Y él atrevido y despeinado divulgó sobre ella toda su "arcilla"....

Distraída se vistió sólo con esa camisa blanca y rota. Encendió un cigarro y lo observó. 

-¿Volveremos a vernos?-
-Seguro-


Helena de Troya

jueves, 13 de enero de 2011

Porque no me lo creo (Relato)

Pues no, no me lo puedo creer...
no puedo creer que una vez jugamos en silencio bajo unas sábanas,
no puedo creer que cada día, tus ojos siguieran mis pasos y ahora
no puedo creer que me dejes pasar, como si de una extraña se tratara. Una más.
Porque no me creo que tu presencia ahora me incomode,
que esquives mis miradas y yo, aún así, busque las tuyas.
Porque no me creo que accediera aún sabiendo que iba a sufrir,
porque no me creo que me esté pasando a mí.
Porque no me creo que no tengas ni una palabra que dirigirme,
porque no me creo que no sientas nada,
porque no me creo que te de igual,
porque no me creo que algún día encuentre el equilibrio que tenía antes...

Porque no me creo que hubo una vez llamas que nos quemaron aquella noche,
porque no me creo que ahora seamos tan fríos y distantes,
porque no me creo que se trate de dos adultos,
porque no me creo que no te afecte mi sonrisa,
porque no me creo que pretenda algo,
porque no, no y no...no me lo creo...


Helena de Troya

viernes, 8 de octubre de 2010

Y pasó... (Relato)

Un relato...
                              ..... para pasar el rato

"La noche los acerca. Las miradas se mantienen una con otra. Las palabras fluyen más ligeras. Los besos ya están en el aire. Pero el ambiente "familiar" los corta. Y hablan, hablan y recuerdan: "¿y eso lo dije yo? Ah! ¿Y aquello fue así?"...La noche va calando en los cristales del habitáculo. A ratos hace calor, a ratos hace frío.
Derrepente las palabras empiezan a molestar en su boca. Su "traba se lengua".
Cual mariposa extiende poco a poco las alas. Mil colores brotan e iluminan los oscuros ojos ilusionados de él. Y su luz ilumina la triste y apagada mirada de ella, esa que le rezó tiempo atrás como un Dios, su Dios.
La delicadeza extrema de él la embriaga y la sorprende. No lo recordaba así. Y eso la tranquiliza por lo que está a punto de pasar. Y si pasa, ¿qué pasará?

Y pasó... la habitación se hizo pequeña. Las alas extendidas batían agitadas provocando huracanes a ambos lados de la Tierra. Y dentro de ella más aún. Una pasión que pensaba dormida les arremolinó por completo. Al reloj se le rompieron las agujas así que se detuvo el tiempo.

Unas manos grandes y poderosas acariciaron delicadamente esos muslos, esas caderas, esa cintura...Unos labios enrojecidos besaron esos pechos desnudos en cuerpo y alma. Una lengua excitada lamió cada año de separación...
Y ella, enferma de ternura y pasión no piensa en nada más que abarcar todo aquello que le brindan. Y se dejó hacer, se dejó querer, se dejó sorprender, cayó rendida a sus pies, como lo hacía tiempo atrás.

Pero quiere un juego de dos. Y se apodera del huracán que les alborota allí dentro. Y pide, reclama, ruega, exige, por un segundo... AMA.

Se dejó llevar donde quiso ir"



Helena de Troya