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viernes, 27 de mayo de 2011

Besos grises

Aunque no debiera, pero vuelvo a él...
Sus besos aunque malignos se apoderan de mí y me envenenan cada vez más. Solo me besa pero se apodera de mi cuerpo entero. No me deja salir corriendo, me ahogaría si abusara de él.
Es frío. No le gusta abrazar, pero a veces siento esos abrazos, llenos de humo que hacen llorar mis ojos.
Y duele cuando lo absorbo profundo. Duele, escuece y pica. Me hace toser besos grises.
No puedo decir que lo quiero pues siempre, en el fondo, lo he odiado. Pero no sé que repentino poder influye sobre mí, que me lleva con él y conmigo se viene.













(Dibujado por Helena de Troya en una de sus locuras)


Ahora quiero alejarme, dejarlo de una vez por todas. Pero no puedo prescindir del placer que me otorga su tacto sobre mis labios. Cuando paso horas sin probarlos, esos besos grises, presiento que me hace falta. Y cuando por fin lo tengo, me relajo de placer.
Me dejo poseer varias veces al día. Últimamente demasiadas para mi corta edad. Sólo he aguantado 1 día entero sin sus besos, lejos de su fuego. Y medio día después, he vuelto a caer. Más bien en la tranquilidad de la tarde, a solas, cuando pensaba que nadie me veía. Me han traído el veneno a casa. Lo ha dejado ahí para mí. Y con una llama roja, viva, ardiente, has prendido. Nos hemos besado anhelantes después de poco sin probarnos.

Al final caí, pero solo un poco.

Maldito tabaco!