Sus besos aunque malignos se apoderan de mí y me envenenan cada vez más. Solo me besa pero se apodera de mi cuerpo entero. No me deja salir corriendo, me ahogaría si abusara de él.
Es frío. No le gusta abrazar, pero a veces siento esos abrazos, llenos de humo que hacen llorar mis ojos.
Y duele cuando lo absorbo profundo. Duele, escuece y pica. Me hace toser besos grises.
No puedo decir que lo quiero pues siempre, en el fondo, lo he odiado. Pero no sé que repentino poder influye sobre mí, que me lleva con él y conmigo se viene.

(Dibujado por Helena de Troya en una de sus locuras)
Me dejo poseer varias veces al día. Últimamente demasiadas para mi corta edad. Sólo he aguantado 1 día entero sin sus besos, lejos de su fuego. Y medio día después, he vuelto a caer. Más bien en la tranquilidad de la tarde, a solas, cuando pensaba que nadie me veía. Me han traído el veneno a casa. Lo ha dejado ahí para mí. Y con una llama roja, viva, ardiente, has prendido. Nos hemos besado anhelantes después de poco sin probarnos.
Al final caí, pero solo un poco.
Maldito tabaco!