Aquí dejo otro fragmento del relato que no sé si dije el título del que viene siendo el 2º Salpicón.
"¿Para qué? Para nada"
El sol entra por el estor de bambú que adorna la ventana y molesta a mis ojos. Despierta! Me llama la isla, esa que dicen que flota sobre aguas cristalinas.
En la mesa de centro yacía vacía la botella de vino, así como restos de “cubatas”. Sé que me acompañó Diego y que terminamos muy tarde, que hablamos mucho, pero poco más. Hacía tiempo que no cogía una moña interesante como esta, pero me hacía falta algo así.
Encendí el teléfono móvil, que recuerdo apagué antes de embarcar. Total en el mar no hay cobertura. Sonó ese ruidito estremecedor que me decía que tenía un mensaje. Y luego otro y otro más.
Aturdida lo miré, qué pasa ¡no puede una cogerse unos días de relax!, pensé mientras me sentaba en la mesa de la cocina, añorando una taza de café. Eran 2 mensajes de llamadas perdidas de Greta, mi compañera de trabajo y de piso. Y mi mejor amiga. Y el tercer mensaje era de ella misma. Lo leí y me desperté de repente.
“Cuando leas esto llámame. Víctor vino a buscarte a casa.”
Iba a llamarla, pero preferí prepararme antes. Esta conversación necesitaba concentración y antes el cuerpo me pedía ducha y café.
Con mi vestido blanco y mis chanclas romanas cogí la furgoneta para ir al pueblo más cercano. La casa estaba al ladito de una cala entre dos pueblos. Estaba todo cerca, pero lejos como para ir andando y más bajo aquel sol de Julio. Cafetería con sillas de mimbre y ceniceros de cáscara de coco, ideal para que me sirvieran un buen café con leche. Seguí la sugerencia de la camarera y lo acompañé de una tostada con tomate y jamón serrano mmm…
-Hola, ¿qué tal el viaje?- me dijo Greta al otro lado.
-Bien, ayer me acompañó Diego en la velada. Nos emborrachamos. Pero me vino genial. Ahora estoy como una rosa. ¿Novedades en el frente?
-Novedades sí. Me llamó Víctor por la tarde para preguntarme por ti y yo no sabía que no le habías dicho nada. Le dije que lo hablarais vosotros y que a mí me dejarais en paz. Pero luego se presentó en casa borracho a las once y media de la noche. Yo no sabía si abrir, pensé que se habían equivocado. Pero me dio una pena…. ¿No le dijiste nada?-
-Llevamos separados un mes. No tengo por qué avisarle de nada. ¿Qué te dijo?-me revoloteó una puta mariposa por el estómago.
-Pues poco. Me preguntó a dónde te habías marchado, cuando volvías, si te habías ido enfadada. Poco más-
-¿Y tú que le dijiste?- putas mariposas-Tenía sueño así que para quitármelo de encima le dije la verdad. Que te habías ido de Mallorca unos días para pensar lejos de todo y que yo ya te avisaría para que lo llamaras….¡Y lo vas a hacer. No quiero volver a tener que aguantarlo tía!-
-¿Cómo lo viste?-
-Paula, llámalo por favor y lo averiguas tú. No quiero ningún marrón más como este que ya sois mayorcitos- A Greta se la nota bastante irritada.
-Ya lo sé Greta, lo sé. He de hacerlo. Pero aún no. Imagino que al ver que ya me había llevado toda mi ropa de casa se habrá dado de bruces con la realidad o que no sería capaz de hacerlo. Bueno ya te informaré-
-Pero llámale, eh!-
-Que sí pesada. Adiós guapa-Claro que quería llamarlo pero quería darle su merecido. Por un lado me encantaba sentir que lo tenía preocupado y pendiente de mí, como nunca lo estuvo… Pero por otro estaba tan confundida que no sabía cierto si lo estaba haciendo bien. Eran tantos años juntos. Decidí que le llamaría hoy, pero antes debía de hablarlo con Diego.
-Te recojo en tu casa y nos vamos a revolcarnos al barro, necesitas relajarte- le dijo Diego.
-Me encantan tus tetitas , Pau- me dice el muy jilipollas
-Oye, como que pequeñas!-
-Yo no he dicho que sean pequeñas…Tetitas engloba palabras como tiernas, suaves, tersas…como toca- se enciende un cigarrillo
-Anda! Cuidado no pringues el mechero de fango, que no tenemos más. Tengo que llamar a Víctor…pero no sé qué decirle-
-¿Y por qué has de llamarlo?-
-Imagino que aunque llevemos separados 1 mes, le debo una explicación. Creo que está sufriendo-
-¿Y qué es que tú no has sufrido, verdad?- dijo Diego irónicamente.
-Bueno hoy lo llamo para dejarle claro que estoy pensando y que ya cuando vuelva le digo. No quiero amargarme, que para eso me he venido aquí, para no amargarme y para aclarar todas mis dudas fuera de todo lo que me rodea y me hace pensar en él-
-Pau, creo que sigues enamorada de él-
-¡Qué dices!- ahora soy yo la que me enciendo cuidadosamente un cigarro, intentando no mancharlo todo de barro.
Enamorada dice…
Salpicón contado por Helena de Troya
















