Ayer dejé las obligaciones apartadas y me fui a disfrutar de un estupendo día de sol que inundaba la Isla. Aprovechamos el sol todo el día, pues todo el día estuvo asomado, mirándonos desde arriba. De vez en cuando remojaba mis manos en la piscina de la casa de campo a la que acudimos. Y dije: la noto igual de fresquita como cuando es verano que te estimula mucho al principio pero que luego el cuerpo se acostumbra. Y daban ganas de meterse.
Me sobraba el pantalón baquero que llevaba, me sobraban los calcetines, me sobraba todo!! Qué calor.
Al final del día, cuando llegué a casa, mis hombros enrojecidos me saludaron pegando gritos, pidiendo algo fresco sobre ellos para calmar el dolor de haberse quemado!
Y así ando, con los hombros quemados, evitando tirantes o prendas que rocen mi piel!....
Helena de Troya
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